El nombre de la cosa
El nombre de la cosa Parece una historia extraída de la novela de Umberto Eco, quien según confesión propia, escribió El nombre de la rosa porque un día se levantó con ganas de matar a un sacerdote. De febrero a julio de este año en La Habana aparecieron los cadáveres de dos curas españoles asesinados, algo tan inusual que repercutió en los cuatro puntos cardinales. Una colega norteamericana escribió una vez que a La Habana la gobernaban los rumores, el 95% de los cuales eran ciertos. En efecto, los comentarios sobre ambos crímenes, omitidos por la prensa cubana por una combinación de sensibilidad y práctica consuetudinaria, circularon ampliamente por la capital y aun por el país, porque la autarquía noticiosa es cosa del pasado, entre otras razones por el impacto de las redes de correo electrónico, el acceso a Internet --por limitado que sea-- y la entrada de una tecnología de TV satelital conocida popularmente como “la antena”, que las leyes cubanas limitan a personal extranjero, pe...